
Nunca, nada, nadie.
Nada importa cuando los clavos de la incertidumbre apuntalan tus certezas contra el muro del olvido. Nada importa cuando en mil trocitos rompes, contra el suelo, esas lagrimas de hielo que arroja el iceberg de tu mirada.
De nada importa anclarse, ni aferrarse, ni fundirse con el hierro de las bastas armaduras. De nada vale hundirse en las arenas movedizas ni rendirse ante las rejas de una cárcel....
